Relax

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domingo, 31 de julio de 2011

ENCONTRARSE A SI MISMO





Hace mucho tiempo había un joven comerciante llamado Kirzai, cuyos negocios lo obligaron a viajar un día al pueblo de Tchigan, situado a doscientos kilómetros de distancia. Por lo común, el habría tomado la ruta que seguía el borde de las montañas, lo que le habría permitido hacer la mayor parte del viaje protegido del sol.

Pero en esta ocasión, Kirzai sufría la presión del tiempo. Era urgente que llegara a Tchigan lo más pronto posible, de modo que decidió tomar el camino directo a través del desierto de Sry Darya. El desierto de Sry Darya es conocido por la intensidad de su sol y muy pocos se atreven a correr el riesgo de cruzarlo. No obstante, Kirzai dio de beber a su camello, llenó sus alforjas y emprendió el viaje.

Varias horas después de partir empezó a levantarse el viento del desierto. Kirzai refunfuñó para sus adentros y apuró el paso del camello. De repente se detuvo, estupefacto. A unos cien metros delante de él se levanto un gigantesco remolino de viento. Kirzai nunca había visto nada semejante. El remolino arrojaba todo en derredor una extraña luz purpúrea y hasta el color de la arena había cambiado. Kirzai titubeó. ¿Debía hacer un largo rodeo a fin de evitar esa extraña aparición o debía seguir siempre derecho? Kirzai tenía mucha prisa, sentía que no disponía de tiempo para tomar el camino más lento, de modo que agachó la cabeza, encorvó los hombros y avanzó.

Para su sorpresa, en el momento en que penetró en la tormenta todo se volvió mucho más calmo. El viento no azotaba ya con tanta fuerza contra su cara. Se sintió contento de haber tomado la decisión correcta. Pero, de pronto, se vio obligado a detenerse otra vez. Un poco más adelante, un hombre yacía estirado sobre el suelo junto a su camello acuclillado. Kirzai desmontó de inmediato para ver que pasaba. La cabeza del hombre estaba envuelta en una chalina, pero Kirzai vio que era viejo. El hombre abrió los ojos, miró con atención a Kirzai durante un instante y después habló con un susurro ronco.

- "¿Eres... tú?". Kirzai rió y sacudió la cabeza.

- "¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tú, anciano, ¿quién eres?". El hombre no dijo nada. "De todos modos", continuó Kirzai , "tú no estas bien... ¿adónde vas?"

- "A Givah", suspiró el viejo, "pero no tengo más agua."

Kirzai reflexionó. Sin duda podía compartir un poco de su agua con el anciano, pero si lo hacia se arriesgaba a quedarse sin agua él mismo. Sin embargo, no podía dejarlo así. No se puede dejar morir a un hombre sin echar una mirada atrás.

- "Al diablo con mis planes", pensó Kirzai, "sólo necesito encontrar mi camino hasta el sendero que corre a lo largo de las montañas, en caso de necesitar más agua. ¡Una vida humana vale mucho más que un compromiso de negocios!". Ayudó al viejo a tomar un poco de agua, llenó una de sus cantimploras y después lo ayudó a montar su camello.

- "Sigue derecho por ese camino", le recomendó mientras apuntaba con el dedo, "y en dos horas estarás en Givah."

El anciano hizo una señal de agradecimiento con las manos y antes de irse miró un largo rato a Kirzai y pronunció estas extrañas palabras:

- "Algún día el desierto te recompensará." Entonces acicateó a su camello en la dirección que Kirzai le había indicado. Kirzai continuó su viaje. La oportunidad que lo esperaba en Tchigan sin duda estaba perdida, pero se sentía en paz consigo mismo.

Pasó el tiempo. Treinta años después, los negocios llevan a viajar a Kirzai de continuo de una parte a otra entre Givah y Tchigan. No se había hecho rico, pero lo que ganaba era suficiente para proporcionar una buena vida a su familia. Kirzai no pedía mas que eso.

Un día, mientras vendía cueros en la plaza del mercado de Tchigan, se enteró de que su hijo estaba enfermo de gravedad. Era urgente que fuera a verlo de inmediato. Kirzai no vaciló. Recordó el atajo a través del desierto que había tomado treinta años atrás. Dio agua a su camello, llenó sus cantimploras y partió.

A lo largo del camino libró una batalla contra el tiempo, azuzando sin cesar a su camello. No se detuvo ni disminuyó la marcha mientras bebía agua, y por esas razón ocurrió el accidente. La cantimplora se le cayó de pronto de las manos y antes que pudiera bajarse para recuperarla, el agua desapareció en la arena. Kirzai profirió una maldición. Con una sola cantimplora llena era imposible cruzar el desierto. Pero al pensar en su hijo, el viejo se obligó a seguir adelante.

- "¡Tengo que hacerlo!¡Lo haré!"

El sol del desierto de Sry Darya es despiadado. Le importa poco por qué o para qué fines un hombre trata de desafiar sus rayos, arde inexorablemente siempre con la misma fuerza e intensidad. Kirzai pronto comprendió que había cometido un gran error. Se le resecó la lengua y la piel le quemaba. La única cantimplora restante ya estaba vacía. Y ahora, para su desazón, vio que empezaba una tormenta de arena. Kirzai se envolvió la cabeza con su chalina, cerro los ojos y dejó que el camello lo llevara adelante a donde fuera. Ya no era consciente de nada. Un gigantesco remolino de viento se levantó frente a él. Despedía una suave luz purpúrea, pero Kirzai seguía inconsciente y no vio nada. Su camello entró en el remolino de viento, avanzó unos pocos pasos y entonces, en forma abrupta, se sentó. Kirzai cayo al suelo.

- "Estoy terminado", pensó. "¡Mi hijo nunca volverá a verme!"

De repente, sin embargo, dio un grito de alegría. Un hombre montado en un camello avanzaba hacia él. Pero cuanto más se acercaba el hombre, tanto más la alegría de Kirzai se convertía en estupefacción. Este hombre que ahora desmontaba de su camello .... ¡Kirzai lo conocía! Reconoció su propio rostro juvenil, sus ropas .... ¡y hasta el camello que montaba! Un camello que él mismo había comprado por dos valiosos jarrones muchos años antes.

Kirzai estaba seguro: ¡el joven que venia a ayudarlo era él mismo!¡Era el mismo Kirzai tal como era treinta años antes !

- "¿Eres .... tú?", balbuceó Kirzai con un susurro ronco.

- "¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tú, anciano, ¿quién eres?".

Kirzai no contestó. No sabia que hacer. ¿Debía decirle al joven quien era, o no decir nada?

"De todos modos, tú no estas bien... ¿adónde vas?"

- "A Givah", respondió Kirzai. "Pero no tengo mas agua."

Kirzai vio que el joven reflexionaba en silencio acerca de la situación y supo con exactitud lo que pasaba por su mente... ¿Debía ayudar a Kirzai o continuar para atender sus propios asuntos? Pero Kirzai también supo cual seria la decisión y sonrió al observar que el joven le ofrecía un trago de agua. Después, el joven le lleno la cantimplora vacía, lo ayudó a montar su camello y apuntó con un dedo.

- "Sigue derecho por ese camino y en dos horas estarás en Givah."

El viejo Kirzai miro un largo rato al joven que alguna vez había sido él mismo y le hizo una señal de agradecimiento. Hubiera deseado hablar con él de muchas cosas, pero solo logro encontrar estas palabras:

- "Algún día el desierto te recompensará."

Y entonces partió de prisa hacia Givah, donde lo esperaba su hijo. Kirzai llego a ser un hombre sabio, respetado por todos. Y cuando contaba este extraño cuento, todos los que lo escuchaban le creían.

Desde aquellos tiempos, el desierto de Sry Darya ha sido conocido con el nombre de Samavstrecha, que quiere decir:

El desierto donde Uno se encuentra a Sí Mismo.

viernes, 29 de julio de 2011

DECIR NO...

“Un mono muy bondadoso abría su corazón a todos los animales. Era cordial, amable y compasivo. Un día conoció a una tortuga macho. Tortuga y mono pasaban horas conversando sobre temas muy diversos, compartían sobre filosofía, arte y
espiritualidad. Pasaban muchas horas juntos. Pero la tortuga estaba casada…
La tortuga hembra pidió explicaciones a su marido por pasar tantas horas fuera
de casa y este, le contó sobre su amigo el mono. Se sintió molesta, celosa e ideo un plan perverso que puso en acción.
Una noche le dijo a su esposo: “He adquirido una rara enfermedad y el medico me dijo que puedo morir si no me alimento con hígado de mono. Habla con ese compasivo amigo tuyo, no dudara en darnos su hígado para que la esposa de su amigo viva”. La tortuga fue hablar con su amigo y le mintió diciendo: Mono, mi esposa quiere conocerte, ven a comer a nuestra casa.
Pero, la tortuga no pudo resistir su conciencia y le contó la verdadera intención de despojarlo de su hígado.
El mono le dijo: Te compadezco amigo, tu mujer es perversa y eres un tonto al vivir con ella. Hasta aquí llego nuestra amistad, mientras ella te manipule y no aprendas a decir “NO” vive tu pesadilla y no vuelvas por aquí.”
Cuando hemos vivido gran parte de nuestra vida, consintiendo y complaciendo a los demás… nos es más difícil cambiar de actitud y lograr que “ellos” estén de acuerdo con nuestra transformación. Pero, si en verdad aprecian lo que hemos hecho por ellos y nos quieren realmente, pronto comprenderán y aceptaran nuestra necesidad de poner algunos limites, para salvaguardar nuestra autonomía, identidad, estima y derecho a la libertad esencial.
Decir siempre que “SI” a lo que nos piden o quieren los demás, sobre todo a nuestros seres queridos, pareciera que nos libera de tener que tomar decisiones y nos gana en algunos casos cierta aprobación y compañía. Pero, pagando un costo altísimo en perdida de independencia, estima, energía y balance emocional.
Todos sabemos decir la palabra “NO” pero, ¿Cuántas veces? después de analizar la invitación o la petición que nos hicieron, decidimos que no aceptaremos y al momento de expresarlo, nos escuchamos decir: “Esta bien, no te preocupes, lo haré”, … para unos minutos después sentirnos frustrados y victimas del abuso de la otra persona, que una vez mas ignora nuestro cansancio, los compromisos que tenemos o nuestro derecho a usar libremente nuestro tiempo… Pero, ¿serán ellos realmente los causantes de nuestro malestar?
Muchas veces, detrás de la incapacidad a decir “No”, se esconde una gran inseguridad, temor a los conflictos, la búsqueda de aprobación y cariño, la necesidad de ser aceptados en el grupo o una valoración de los demás por encima de nosotros mismos.
En gran parte, este conflicto viene de la infancia, la falta de reconocimiento y cariño, la competencia entre hermanos, el ejemplo de una madre complaciente o
sacrificada por otros, pudieran ser algunas de las causas de esta actitud aprendida. De aquí, surge el empeño por caer bien, el miedo a no cumplir con las expectativas de los demás, a no dar la talla, y la idea errónea de que sólo sacrificando nuestras necesidades conseguiremos la valoración por parte de los demás.
A muchas personas les cuesta reconocer sus propias necesidades y establecer ciertos límites en relación con otros. Quedando en algunos casos, atrapados en el afán de complacer y adaptarse a los demás, lo que los aleja de sí mismos, dificulta sus relaciones sociales, y los deja más vulnerables al abuso.
Podemos cambiar esta actitud por otra que nos permita abrir y cerrar las puertas de nuestra vida afectiva a voluntad.

HERRAMIENTAS PARA PODER DECIR “NO”

Se conciente de lo que haces. Aprende a no dejarte llevar por los demás a la
hora de tomar decisiones, entiende que tus puntos de vista y opiniones, son tan valiosas como las de los demás. Atrévete a defender tus ideas y siéntete capaz de poner límites a quienes pretenden abusar de ti. ¡El esfuerzo merece la pena!

Conócete a ti mismo.

Es importante hacerte algunas preguntas que puedan ayudarte a comprender porque te cuesta tanto decir que “No”. ¿Qué es lo que más temo al dar una negativa?

¿Con qué personas o en que situaciones me resulta más difícil decirlo? Estoy segura que al responderlas descubrirás algún recuerdo que te permita resolverlo y superarlo.

Exprésate con claridad.

Al hacerlo, reconoce la necesidad y los sentimientos de la otra persona. Explica la razón por la que das una negativa. No tienes que ser agresivo al momento de expresarte, usa palabras amables pero se firme al mismo tiempo. Si es importante para ti, ofrécele alternativas teniendo en cuenta su necesidad.

martes, 26 de julio de 2011

CONTRADICCION




En ocasiones a la hora de defender nuestras ideas fluctuamos de forma inconsciente. Por momentos defendemos un argumento y al cabo de un rato estamos batiéndonos por una idea totalmente incompatible con la primera. En definitiva entramos en contradicción.

La contradicción suele ser síntoma de un posicionamiento poco elaborado y tomado según el interés del momento.

En China el término «contradicción» se traduce literalmente como «La lanza y el escudo», porque hay una graciosa historia sobre esta paradoja.

Un vendedor de lanzas y escudos vociferaba en el mercado pregonando sus mercancías:

—¡Miren qué lanzas traigo! Resistentes y afiladas como ninguna arma. No hay nada que aguante su inigualable filo. ¡Menudas lanzas son éstas!

Algunos curiosos se detenían frente a su puesto para observar las lanzas. Al cabo de un rato, el vendedor volvía a pregonar, y ahora el género que alababa era el escudo.

¡Vamos a ver! ¡Qué resistentes son mis escudos! Tan fuertes como una fortaleza. ¡Defensa segura, infalible! ¡No hay nada que los pueda perforar!

Uno de los curiosos se puso a reír y propuso al vendedor:

Entonces, ¿qué sucedería si cogiera usted sus lanzas para atacar a su escudo?

El vendedor se quedó con la palabra en la boca sin saber qué contestar.

Como dicen los grandes maestros, es difícil servir a dos amos a la vez.

Con todo ello no quiero decir ni mucho menos que una vez que se toma una posición, que se adopta una idea, esta sea inmutable para siempre... todo lo contrario... en determinado momentos de la vida hay que decantarse por los escudos y después que lleguemos a la conclusión de que las lanzas son lo mejor. Se debe evolucionar y triste seria que tuviéramos las mismas opiniones con 20 y con 50 años... habríamos desperdiciado 30 años de aprendizaje... Lo que si debemos evitar es el caos de mantener posiciones contradictorias entre ellas y encima quererlas justificar tanto hacia el interior como al exterior... esto solo conduce a la confusión y al caos mental.

sábado, 23 de julio de 2011

ENCONTRANDO LA FELICIDAD





Cada persona es un Banco de amor: “gestiona un amor sin intereses, porque se da libremente sin esperar nada a cambio. Se pueden ingresar sonrisas, abrazos, besos, mimos… Sea lo que sea lo que inviertas, siempre te saldrá a cuenta y multiplicarás su valor. También puedes realizar ingresos de mucho valor, pero sumamente discretos: en este banco se valora saber perdonar, callar a tiempo, agradecer los gestos de otros… El amor es una divisa que nunca pierde valor en la bolsa de la vida”.
Cada persona tiene tres escalones en su cabeza y hay que limpiarlos: “El primero es la opinión que tenemos de los demás, que sólo sirve para crear prejuicios. El segundo es la opinión que creemos que los demás tienen de nosotros, que genera miedos, engaños y malentendidos. El tercero es la opinión que tenemos de nosotros mismos, que hace que nos miremos al ombligo e inventemos problemas. Conviene limpiar de vez en cuando las opiniones de estos tres escalones para lograr una vida auténtica y feliz”.
Cada persona se encuentra con una serie de obstáculos en el camino a la felicidad, unos son imaginarios, los creamos nosotros mismos, son nuestros miedos, otros son reales, a los cuales debemos considerar trampolines para llegar a los lugares a los que nunca hubiéramos llegado por nosotros mismos. “La felicidad siempre está más cerca de lo que imaginamos aunque la busquemos lejos”.
“La risa es el disolvente universal de las preocupaciones”.
“Por muy pequeña que sea tu ventana, el cielo sigue siendo igual de grande”.
“Los que no sueñan están muertos en vida”. “Al proyectar tus sueños empiezas a construirlos”.
“La felicidad no es una meta, sino sólo un perfume”. “Es el perfume que desprende aquello que está bien hecho. Una puesta de sol perfecta, la caricia a un cachorro, la mirada de un ser amado, una canción sublime… cualquier momento inolvidable. Por eso no la puedes capturar como si fuera una mariposa”. “Cazar una mariposa es como cazar el alma, y el alma se pone en las cosas, pero no está en las cosas”.
El contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera de media un minuto escaso. Independientemente de la calidad del café, que es lo de menos, en ese minuto el camarero tiene ante sí tres opciones o, mejor dicho, tres posibles resultados que dependerán de su actitud. En ese minuto puedes conseguir que la persona se marche peor de lo que ha llegado si eres grosero. O bien puede irse igual que ha venido si lo tratas con indiferencia. Pero también tienes la oportunidad de que salga del café mejor de lo que ha entrado si le regalas un poco de amabilidad.
¿qué tiene que ver eso con el sentido de la vida?
“¡Éste ES justamente el SENTIDO DE LA VIDA!, y no sólo para los camareros. Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir el tercer resultado: que su vida sea un poco mejor después de estar con nosotros. ¡Ése es el desafío, el premio gordo de cada encuentro!”.
“La felicidad es vivir sin miedo a elegir. Nos perdemos en el laberinto cuando permitimos que elijan por nosotros. Porque uno es aquello que elige ser, pero también aquello que renuncia ser.”


De El Laberinto de la Feliciad. Alex Robira

ESTACIONES





Un padre tenía cuatro hijos.
Quería que sus hijos aprendieran a no precipitarse y juzgar las cosas demasiado deprisa, así que les sometió a una prueba. Uno a la vez les mandó ir a observar un peral que se encontraba poco distante de la casa donde vivían.
El primer hijo fue en invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el cuarto en otoño.
Cuando todos habían observado ya el árbol los llamó, a todos juntos, para que le describieran lo que habían visto.

El primer hijo respondió que el árbol era feo, curvado y todo retorcido.
El segundo hijo respondió que no, el árbol estaba todo cubierto de brotes y lleno de verdes promesas.
El tercer hijo se mostró en desacuerdo, dijo que el árbol estaba lleno de frutos de olor dulce y aspecto maravilloso.
El cuarto hijo disentió con los otros tres hermanos, el árbol que él habia visto estaba maduro y colmo de fruta marchita.
El hombre entonces explicó a sus hijos que todos tenían razón porque cada uno de ellos había visto solo una estación de la vida del árbol.
Les enseñó que no se puede juzgar un árbol, o una persona, sólo por una estación, y que la esencia de lo que somos solamente puede ser medida al final, cuando las estaciones han llegado a su fin.

Si te rindes cuando es invierno perderas la alegría de la primavera, la belleza del verano y la madurez del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya todas las demás. No juzgues la vida solo por una estación difícil.
Persevera en los tiempos duros, y tiempos mejores llegarán antes o después.

jueves, 21 de julio de 2011

LA VASIJA


Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas.

Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.

Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aún sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.

Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
– Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, solo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.

El hombre sonrió y le dijo:
-Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino.

Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.

-¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? comentó el hombre. – Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?

“Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado.”

(P. Coelho)

martes, 19 de julio de 2011

DESPRENDIMIENTO



Una anciana mujer que viajaba por las montañas encontro una piedra preciosa en un arroyo.

Al dia siguiente se encontro con otro viajero, que estaba hambriento.

La anciana mujer abrio su mochila con la intencion de compartir con él su comida.

El hambriento viajero vio la piedra preciosa y pidio a la mujer que se la diera:

La mujer se la dio al instante, sin dudar.

El viajero se fue, contento de su buena fortuna.

Sabia que la piedra era suficientemente valiosa como para permitirle vivir bien durante un periodo de tiempo.

Pero unos dias mas tarde regreso y devolvio la piedra preciosa a la mujer.
“ He estado pensando”, le dijo,“ se lo valiosa que es la piedra,
pero te la devuelvo,con la esperanza de que me des una cosa aun mas valiosa.

Dame lo que tienes en tu interior que te permitio desprenderte de la piedra.”

martes, 12 de julio de 2011

EQUIVOCACIÓN....

Zhuo ocupaba un alto cargo en el palacio imperial. Era famoso por ser comprensivo y paciente.

Un día, cuando conducía su carruaje hacia la mansión que tenía en el centro de la ciudad, de repente se encontró con un hombre que detuvo su carro y cogió las riendas del caballo. Empezó a hablar con el caballo emocionado:

—¡Qué alegría! ¿Dónde te has metido? Por fin te encuentro. ¡Cómo te echaba de menos!

El alto funcionario que viajaba en el coche se sintió aturdido por el comportamiento extraño del intruso. Pensó que se había confundido. Eran tal vez muy parecidos los dos caballos. Por eso le dijo cortésmente:

—Me parece que hay una confusión. Se habrá equivocado de caballo.

Sin embargo, el intruso negó categóricamente su conjetura:

—¡No, señor! ¿Cómo es posible que no reconozca a mi caballo. Lo he criado con mis propias manos. Se perdió hace un mes. ¡Y cómo me ha costado encontrarlo! ¡Ay, caballo mío. Ahora no me separaré nunca de ti!

Al ver que era imposible convencer al testarudo hombre Zhou le dijo:

—Bueno, si está muy seguro de que este caballo es suyo. Puede llevárselo por el momento.

Y diciendo esto, desató la bestia del carro y entregó las riendas al hombre, advirtiéndole:

—Si más tarde se diera cuenta de su equivocación, le ruego que me devuelva el caballo en la última mansión de la calle residencial. Me llamo Zhou. Espero encontrarle pronto.

El hombre se llevó el caballo con gran júbilo. Pero el funcionario, al quedarse sin animal de tiro, tuvo que llevar el coche andando.

Al cabo de unos días, el hombre encontró por casualidad el caballo que realmente había perdido y que en ese momento estaba mucho más delgado que antes. Se dio cuenta del grave error que había cometido. Fue entonces a la casa del señor Zhou, le devolvió el caballo pidiéndole mil disculpas. El funcionario le contestó:

—Cualquiera nos equivocamos. Yo he tenido la suerte de que se haya dado cuenta pronto, de lo contrario hubiese tenido que tirar del carro para ir a trabajar como si fuera un arriero.

IGNORANCIA E INOCENCIA

Ignorancia e inocencia tienen una similitud, pero no son lo mismo. La ignorancia es también un estado de no saber, igual que la inocencia. Pero también hay una gran diferencia y hasta ahora la Humanidad entera la ha ignorado.

La inocencia no es erudita; pero tampoco tiene el deseo de serlo. Está absolutamente satisfecha, realizada.

Un niño pequeño no tiene ambiciones, no tiene deseos. ¡Está tan absorto en el momento! Un pájaro volando captura su atención por completo; una simple mariposa con sus preciosos colores y él está encantado; el arco iris en el cielo y no puede concebir que pueda haber algo más significativo, más rico que este arco iris. Y la noche llena de estrellas, estrellas más allá de las estrellas…

La inocencia es rica, es plena, es pura. La ignorancia es pobre, es un mendigo: quiere esto, quiere aquello, quiere ser erudita, quiere ser respetable, quiere ser rica, quiere ser poderosa. La ignorancia se mueve en el camino del deseo.

La inocencia es un estado sin deseos. Pero como ambas carecen de conocimiento, seguimos confundidos con respecto a su naturaleza. Hemos dado por sentado que son una misma cosa. El primer paso en el arte de vivir será crear una línea divisoria entre la ignorancia y la inocencia. La inocencia debe ser apoyada, protegida, porque el niño ha traído con él el más grande de los tesoros, el tesoro que los sabios encuentran después de un arduo esfuerzo. Los sabios han dicho que se han vuelto niños otra vez, que han renacido.

Sé de nuevo simple; sé de nuevo un niño.

Osho.

viernes, 8 de julio de 2011

PLENITUD DE LA SABIDURIA


"Protegedme de la sabiduria que no llora, de la fisolofia que no rie, y de la grandeza que no se inclina ante los niños. Khalil Gibran"

Cuando la mente del hombre se abre a un pensamiento mas profundo, su alma despierta y se torna activa, su naturaleza divina crece.
Es entonces cuando tiene que aplicarlos en su vida diaria para obtener su desarrollo interior y el despertar de fuerzas que puede usar para lograr salud, fortaleza y vitalidad, así como para cualquier otro propósito personal o social.

Este entrenamiento obliga a vencerse a sí mismo y a obrar cada vez más de acuerdo con la razón y con la Ley del Amor; es sencillo, natural y se lleva como parte de los quehaceres diarios, pues no es incompatible con ninguna actividad o empresa correcta, ni prohibe ningún placer positivo. Multiplica la capacidad para el trabajo, purifica los sentidos, robustece la mente, desarrolla la sensibilidad y acrecienta y ennoblece la capacidad de goce, aun cuando también, por ley de polaridad, la capacidad para el dolor. No busca el domino de los demás, sino la inspiración y el poder para servir en forma eficiente y desinteresada; e impulsa a robustecer e independizar la voluntad y la mente y a acrecentar la capacidad de juicio y de discernimiento para hacer, antes que todo, hombres verdaderamente libres y, sobretodo, responsables.
Nunca en la historia del mundo se ofrecieron oportunidades mejores que en la hora presente. Pero hombres y mujeres viven como en sueño, trabados por su propia debilidad y por la ajena, enceguecidos por ambientes y condiciones adversos o bobalicones y esclavizados por la opinión de los demás. Andan a ciegas, guiados por filosofías o religiones simbólicas y externas, dando tumbos de experiencia en experiencia, sin comprender las lecciones del dolor, de la alegría o de las pérdidas y sin saber el por qué de todo ello. El que recurre al entrenamiento oculto descubre por qué las sufre: comprende la razón del sufrimiento, el sentido del dolor, de la alegría y del esfuerzo, y a la luz de la filosofía, de la ciencia y de la experiencia de los que le han precedido en el camino, estudia y aplica los Medios que han de llevarle a realizar la Iluminación y la inmortalización de su alma, dentro de una vida creadora y positiva para sí mismo y para los que le rodean.

EL PARACAIDAS

Un joven turista se encontraba en las playas de Málaga y era la primera vez que subiría en un paracaídas impulsado por una lancha. Si conoces la playa, sabes que los lancheros prestan ese servicio, que consiste en que un paracaídas es amarrado por una cuerda a una lancha.

Entonces, la lancha inicia su recorrido mar adentro, con el turista sujeto al paracaídas con un arnés. Este corre con el paracaídas en la playa por unos instantes, hasta el momento en que el turista despega los pies del suelo, el paracaídas se eleva hasta el cielo y la persona junto con el.

Imagínate, el joven no sabía nadar y tenía las siguientes preguntas en su cabeza:

¿Qué pasará si la lancha me arrastra mar adentro, antes de que me eleve el paracaídas?

¿Qué tal si una vez en el cielo, me caigo de semejante altura?

A pesar del miedo, decidió actuar y confiar en la incertidumbre. Sabía que era una experiencia nueva y era natural tener miedo. Pero también sabía que la vida es eso, experiencias nuevas y que tenía que estar abierto ante la vida.

Se puso el arnés. Escuchó con nerviosismo las últimas indicaciones del instructor. “Ruuuuuum” se escuchó el sonido del motor de la lancha que iniciaba su recorrido al mar. El joven comenzó a caminar al principio y después a correr a medida que la velocidad aumentaba.

Y llegó el momento en que tuvo que pegar un salto para evitar caer al mar “¡Guuuuuaaaaaauuuuuu!” no lo podía creer, el paracaídas se elevó y en cuestión de segundos, estaba a muchos metros encima, viendo el mar y los hoteles de la ciudad, como si fueran casas de juguete. Y sintió paz.

“Qué emocionante, nunca me hubiera imaginado que sería tan fácil y divertido” y disfrutó de la hermosa vista desde el cielo.

¿Qué podemos aprender de este joven? Es natural tener miedo ante lo desconocido. La imaginación crea mil y un fantasmas pero son eso. Fantasmas. No existen en realidad y son auto-creados.

Mi pregunta es: ¿Cuántos de nosotros evitamos tener experiencias nuevas por temor a lo desconocido?

Aún más fuerte: ¿Cuántos miedos imaginarios has acumulado durante tu vida, que te han evitado experimentar cosas nuevas y ser feliz?

“Muchos sinsabores he tenido en la vida, la mayoría de los cuales nunca me han ocurrido”. Exacto. Si analizas tu vida a la luz del pasado, descubrirás que lo que más temes nunca pasó y cuando sucedió, resultó ser una experiencia única y placentera.

Te invito a que busques dentro de ti, aquello que has evitado hacer por mucho tiempo, por culpa de esos fantasmas imaginarios y lo hagas.

¿Y quién sabe? Quizás disfrutes de una hermosa vista del cielo, como el joven de la playa.